Macunaíma argüendeó por el páramo y sintió que iba a llorar. Pero como no había nadie por allá, no lloró. Se dió ánimo y puso pie en el camino, temblequeando con sus piernitas arqueadas. Vagabundeó a troche y moche una semana, hasta que se topó con El Currupira parrillando carne en compañía de su perro Papamiel. El Currupira vive en el mero mero retoño de la palmera manaca y le pide tabaco a la gente. Macunaíma dijo:

—Tata, ¿no me da un poco de caza pa que coma?

—Sí —fue lo que Currupira contestó.

Cortó la barbacoa de su pierna, la medioasó y la tendió hacia el muchacho

preguntando:

—¿Y usté mi-chumí, pa dónde bueno camina en la caapuéra? —Pa Paseo.

—¡No me diga!

—Pos sí, nomás pa paseo...

Entonces le contó el castigo que su madre le puso por culpa de haber sido malevo con las manos. Y al contar lo del traslado de la casa de nuevo hacia la ciénaga donde no había caza, dio una carcajadota. El Currupira miró hacia él y rezongo:

—No, mi-chumí, usté ya no es ningún gurí, mi-chumí. No. No... Sólo gente grande hace eso...

Macunaíma agradeció y le pidió al Currupira que le enseñara el camino del mocambo de los Tapañumas. El Poira lo que estaba queriendo era comerse al héroe y le enseñó errado:

—Se va por aquí, muchachombre, va por ahí, pasa enfrente de aquel árbol, quiebra a mano izquierda, vira y vuelve por abajo de mis testículos.

Macunaíma fue a hacer la vuelta pero llegando frente al palo, se rascó la piernita y murmuró:

—¡Ay, qué flojera!...

Y patitas pa qué las quiero.

El Currupira esperó bastante pero el mi-chumí no llegaba... Entonces el

monstruo se montó en el venado, que es el caballo suyo, hincó el pie de lleno en el ijar del raudo y veloz y por ahí se fue gritando:

—¡Carne de mi pierna! ¡Carne de mi pierna!

Y allá de dentro de la barriga del héroe la carne respondió:

—¿Qué fue?

Macunaíma apretó el paso y se adentró corriendo por la caatinga, pero el

Currupira corría más que él y en ésas el niño venía que venía acosado por el otro.

—¡Carne de mi pierna! ¡Carne de mi pierna!

—¿Qué fue?

El piá estaba desesperado. Era un día de lluvia con sol casamiento de español

y la vieja Vei, la Sol, chisporroteaba en las gotitas de chipichipi, desgranando luz como si fuera maíz. Macunaíma llegó cerca de un charco, bebió agua de lama y vomitó la carne.

—¡Carne de mi pierna! ¡Carne de mi pierna! —era lo que el Poira venía gritando.

—¿Qué fue? —secundó la carne ya en el aguazal.

 

Macunaíma alcanzó los bledos y escapó.

 

Lygia Pape​ Eat me 1975

 

La menor actividad humana en las calles ha hecho que ratas sean más visibles, pero no tienen qué comer. Esto conducirá a que se coman entre ellas o se vayan a las casas en busca de comida; incluso que los padres se alimenten de sus crías. Son mamíferos como tú y yo, y cuando tienes mucha, mucha hambre, no vas a actuar de la misma manera, generalmente actuarás muy mal.

 

Albert Eckhout Mulher Tapuia 1641

 

Joaquim Pedro de Andrade Macunaíma 1969

 

Ao contrário do famoso dizer do gastrónomo Brillet-Savarin,

“Diz-me o que comes e dir-te-ei quem és”, na verdade somos também aquilo que a nossa comida comeu.

Pedro Neves Marques Contaminação por capital

 

Andrea Ganuza Diana